
La reciente postura del dirigente del PAN, Jorge Romero Herrera, en la que denuncia una presunta “violencia del Estado” contra manifestantes de la llamada “Generación Z”, ha generado críticas por considerarse incongruente. Diversos analistas y usuarios en redes recuerdan que fueron gobiernos panistas los que históricamente reprimieron movilizaciones sociales en México.
Romero aseguró que “esa generación no se va a dejar callar”; sin embargo, su mensaje ha sido cuestionado debido a que, durante administraciones como la de Felipe Calderón, miles de jóvenes que protestaron contra la militarización fueron etiquetados como “peligrosos”, “vándalos” e “infiltrados”. Dichas declaraciones contrastan con la narrativa actual del dirigente panista.
Críticos también destacan que episodios como Atenco y la represión a estudiantes encapsulados ocurrieron bajo gobiernos afines al PAN. Asimismo, señalan que durante ese periodo se dieron múltiples persecuciones y montajes mediáticos operados desde altos mandos del panismo, hechos que dejaron una profunda estela de desconfianza social.
Analistas sostienen que el PAN fue uno de los primeros partidos en normalizar el uso de la fuerza pública como herramienta política y mecanismo de control social. Esta estrategia, afirman, dejó heridas abiertas que continúan vigentes en la memoria colectiva del país.
Ante el resurgimiento de movilizaciones juveniles, la postura del PAN es percibida por sectores ciudadanos como un intento de capitalizar políticamente las protestas que, en su momento, el mismo partido desacreditó o reprimió. La discusión continúa generando debate público sobre memoria histórica y coherencia política.
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